Siendo novicia de experiencia, me gozo de ser Misionera Teresita,
Pues descubro que desde antes que naciera
Dios me conocía y me consagró, me preparó unos padres
Dulcemente me fueran orientando hacia el Bien.
Él siguió acompañando mi infancia, en la inocencia
Y la alegría de crecer en medio de la naturaleza;
Luego en los primeros años de mi juventud
Iba enamorando mi corazón y acercándome al suyo.
A los 18 años en un flechazo certero, me arrebató
Del seno de mi hogar para hacerme florecer en
Terreno fértil, en el seno de mi Madre Congregación…
No ha dejado de fortalecerme y acompañarme en
Mis primeros pasos y de acrecentar aún en los
Momentos de dificultad.
Doy gracias a Dios por haber inspirado a nuestro Padre Fundador la fundación del Instituto quien acucioso nos forma para partir luego quemadas de celo a clavar por el mundo la cruz; también por quienes lo han dirigido desde el gobierno general a través de las distintas épocas, ya que son las que directamente custodian la fidelidad al carisma y sobretodo se interesan por permitir y animar a otras a engrosar nuestras filas.
Hoy con el gozo de ser Misionera Teresita digo: «es imposible conocerlo y no amarlo, es imposible amarlo y no seguirlo, después de que Él ha enamorado mi corazón, me es imposible decirle que no y tampoco puedo quedarme yo sola, ocultando la alegría y la gratitud de ser novicia en esta Amada Congregación»
Ana María Giraldo Macías.
Dar
una mirada a lo que ha sido mi vida en la Congregación como
Misionera de Santa Teresita, durante 34 hermosos años, tres entre el
Prenoviciado y Noviciado, 31 de Profesa, me causa un profundo gozo interior y despierta
en mí sentimientos de profunda gratitud al Señor que no ha dejado de
sorprenderme con sus delicadezas “Tu me conoces cuando me siento o me
levanto, de lejos conoces mis pensamientos, todas mis sendas te son familiares…”
(Sal 138)
¡QUÉ FELIZ HE SIDO!
Dar
una mirada a lo que ha sido mi vida en la Congregación como
Misionera de Santa Teresita, durante 34 hermosos años, tres entre el
Prenoviciado y Noviciado, 31 de Profesa, me causa un profundo gozo interior y despierta
en mí sentimientos de profunda gratitud al Señor que no ha dejado de
sorprenderme con sus delicadezas “Tu me conoces cuando me siento o me
levanto, de lejos conoces mis pensamientos, todas mis sendas te son familiares…”
(Sal 138)
He
vivido rodeada del amor misericordioso de Dios. Los acontecimientos de mi vida
a veces marcada por el miedo o el dolor, el principal, la muerte prematura de
María Celina, mi doblemente hermana por la sangre y el espíritu, pero la mayor
parte de ellas en alegría por la predilección de Dios al haber escogido para sí
tres miembros de mi familia para ser mujeres consagradas en este Instituto.
En cada amanecer agradezco al Señor el don de mi
vocación a la vida religiosa misionera, y me gusta hacerlo con la siguiente
oración, que una vez encontré en una estampa siendo novicia: “Gracias
Señor por haberme llamado tan misericordiosamente a tan sublime vocación.
Gracias por haberme soportado. Gracias por no haberme arrojado a causa de mis muchos
pecados, infidelidades y miserias. No te canses de soportarme y que tú divina
venganza consista en darme un celo cada día un celo más ardiente por la
salvación de las almas, amor por mi vocación y la perseverancia en ella hasta
mi último suspiro. Ese último suspiro de mi vida te lo entrego como un canto de
amor a ti por tan inmerecido llamamiento y un acto de caridad perfecta que me
permita unirme a ti eternamente. Amén”.
Desde
que fui consciente de la llamada de Dios a la vida religiosa, no dudé un minuto
de que quería ser misionera Teresita. Esta certeza la cultivaron mis maestras
en el colegio – las Misioneras Teresitas, allá en aquel frio y pequeño
pueblecito llamado San José de la
Montaña - y Dios allanó el camino, y me condujo a la Congregación, porque
di con unos padres extraordinariamente generosos que no dudaron en apoyar mi
decisión, pasando por alto que yo podía ser una solución a la precaria
situación económica de la familia.
La
experiencia de haber entrado en contacto como Misionera Teresita, con los
niños, los jóvenes, adultos y ancianos, afro colombianos, indígenas,
campesinos, colonos, hombres y mujeres de la ciudad, el pueblo, el campo, la
selva, me ha abierto la mente y el corazón, me ayuda a ver y vivir los
acontecimientos actuales de mi vida y entorno, con mirada distinta, más
abierta, comprensiva y misericordiosa, contrario a lo que hubiera sucedido si
no hubiera abierto mi abanico a estas experiencias.
He disfrutado mucho, muchísimo, con la riqueza cultural que se ha ido
dando en la Congregación
mediante el ingreso de religiosas llegadas de diferentes países
latinomaericanos y del continente africano, por nuestras relaciones de igual a
igual, de cercanía, de fraternidad. Con ellas nuestra convivencia se ha
enriquecido, nos vamos complementando mutuamente y vamos descubriendo que
tenemos muchas cosas en común a pesar de lo retirado de los países de
procedencia y las diferencias físicas de nuestras razas.
En
estas tres décadas de caminada en vida religiosa misionera he tenido bellas
experiencias de vida fraterna en sencillez, alegría, paciencia, pobreza,
humildad, procedentes del testimonio y la valentía de muchas de mis Hermanas
para afrontar las dificultades sin desanimarse. Siempre dispuestas a marcar con
el sello del amor y la esperanza, la vida.
He
sentido la cercanía de Dios Padre, del cual siempre he querido ser testigo, en
las situaciones de violencia y guerra que se viven en la patria y en el mundo
entero. Dios tan cercano a mí que hasta lo puedo tocar, me repite al oído una y
otra vez: “ No temas, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy
tu Dios. Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, sí, te sostendré con la
diestra de mi justicia. “Isaías 41:10. La seguridad de su preocupación
por mí y toda la humanidad se ha convertido en mi punto de apoyo, mi palanca,
mi certeza. En medio de tanta guerra y corrupción, he aprendido a vivir
agradecida, muy agradecida, altamente agradecida y feliz porque Dios es mi
riqueza, mi Señor, la alegría de mi corazón.
En
el contexto en que me encuentro actualmente, sirviendo en la secretaría general
de la Congregación,
soy feliz. Procuro hacerlo con todo el amor de mi corazón y afianzarme en el
seguimiento de Jesús haciendo todo con
alegría, aunque haya imperfecciones.
Soy feliz, muy feliz porque con amor eterno me ha amado el Señor. Jeremías 31, 3
Hna. Elvia
Lucía Posada Uribe
Misionera
Teresita
MI EXPERIENCIA
APOSTOLICA DE NOVICA EN POCONCHILE
Fui enviada a este hermoso lugar llamado Poconchile ubicado
geográficamente en el valle de LLuta,
cercano a la ciudad de Arica-Chile. Como lo pueden apreciar es un lugar de
desierto. Sí, es desierto porque es un espacio tranquilo, apartado de la
ciudad, adornado con majestuosos cerros cubiertos de arena, infértiles y como un destello de vida, está
el rio LLuta, que baña el valle que lleva su mismo nombre; único lugar cultivable,
donde muchos campesinos le apuestan con perseverancia a ver fructificar sus
esfuerzos.
En este hermoso lugar, mis
Superiores Mayores, me han dado el precioso regalo de venir a hacer
mi experiencia apostólica, antes de
mi primera profesión religiosa. Experiencia que inicie en el mes de
enero y que ya estoy próxima a terminar
Estoy compartiendo mi vida en una
comunidad dinámica y fervorosa formada por tres Hermanas: Olivia Loaiza mi Superiora
Local, Esperanza Londoño y Martha Tenicela. De ellas he aprendido el arte de
conjugar la oración –contemplación, la vida de familia, la misión y el gozo de aspirar a ser Misionera de Santa
Teresita, desde una vida sencilla, pero llena de razones para entregarme al Señor y al servicio de los más
pobres.
Es un servicio misionero que me ha exigido ir haciendo un camino de
humildad y sencillez en el acompañamiento a las familias del Valle de LLuta. El servicio
aquí es exigente y requiere de constancia, fortaleza interior y mucha paciencia
misionera, pues hay poca respuesta de la gente, por eso justamente es aquí, donde se nos pide hacer presencia misionera sobretodo
testimoniante; con un servicio misionero sencillo e incondicional .la gente nos
sienten parte de su familia y también nosotros lo sentimos así, esto es lo que
más me llena de satisfacción.
Participé de la
Asamblea Electiva, a nivel de la Provincia, que se realizó en la Paz, en el mes de junio, con
las comunidades de Chile, Perú y Bolivia. Fue una experiencia muy gratificante
por el compartir tan fraternal con todas
las Hermanas de estas Comunidades; puedo
dar fe de que nuestra congregación avanza con pasos de Madre: segura, con
esperanza y sobre todo buscando el bien y la santidad de sus hijas.
Gracias por permitirme compartirles la alegría de ser enviada y de hacer parte de este ejército de
Misioneras, “quienes quemadas de celo queremos ir por el mundo, clavando
la cruz” en el corazón de cada hermano.
Un saludo especial para todas las Hermanas de la Provincia y de la Congregación ayúdenme
a agradecerle al Señor, esta experiencia que me ha permitido vivir.
Novicia Ana María Giraldo Macías.
Misionera de santa teresita
Poconchile 2012
A solo Dios el Honor y la Gloria
LA ALEGRIA DE SER MISIONERA TERESITA
“Ven y sígueme"
Misioneras en Acción
Jesús les dijo: « ¿Qué buscáis? » Ellos le respondieron: « Maestro ¿dónde moras? »
Les respondió: « Venid y lo veréis. » Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con Él. (Jn 1, 38-39)
Es posible que tú también busques a Jesús y desees encontrarle… El está atento, te espera y te invita a seguirle.
Si le escuchas, Verás donde vive y allí puedes permanecer con El.
Cuando fijamos nuestra mirada en el Señor, cuando confiamos en El y estamos dispuestas a acogerle, Él nos conduce.
El misionero es enviado, apóstol; como Misionera Teresita, nuevamente hoy Jesús me pide que le siga, que descubra su amor y misericordia para proyectar su palabra, para compartir, para ayudar a las personas que se me han confiado para que cada día se acerquen más a Él.
Querida joven; te invito para que juntas recorramos el camino de la propia realización como Misioneras de Santa Teresita, desde un compromiso religioso – misionero, como respuesta fiel al llamado para ser discípulas de Cristo, creciendo en unión y configuración con El, según el Carisma Misionero de nuestro Instituto y el querer de Nuestro Amado Padre Fundador quien en su Testamento Espiritual nos dice: “El Apóstol no se encierra dentro de sí mismo sino que se agita impulsado por el amor y el celo que es de suyo conquistador, inquieto, valeroso, resuelto y generoso, capaz de todos los sacrificios aún el de la propia vida, con tal de que las almas se salven. Sobre todo después de ver los campos de trigales señalados por el dedo mismo de Jesús, quién no querrá ir a la vanguardia a recoger las gavillas para los graneros del Padre Amado? Sed pues, apóstoles: generosas, sacrificadas, inquietas, amantes.” T.E. 76
Hoy el Señor te habla a través de su palabra, desde allí El te dará la gracia para que puedas orientar tu vida hacia los valores que jamás caducan y para descubrir en ellos la paz y la fidelidad que el mundo no te puede dar.
El evangelio es un tesoro para los cristianos, y, como tal, todas estamos llamadas a compartirlo y a mostrar con nuestra vida que es posible hacerlo vida. No podemos perder de vista que esto sólo se logra desde la alegría de nuestra Consagración, es el Señor el único que me da la verdadera felicidad, esa felicidad que da el máximo sentido a nuestra existencia, esa felicidad de saber dónde vive el maestro, de encontrar el padre, el amigo, el hermano. El que conoce a Cristo vive, plena y conscientemente, el don que le ha sido dado.
Regálate la oportunidad; Vale la pena saber dónde mora y quedarse con El, vale la pena vivir la experiencia, vale la pena buscarse un tiempo para compartir el Evangelio con otros, vale la pena gritar en las calles, en las plazas, o en la oscuridad de una choza pobre y aseada, la gran noticia: Cristo vive, Cristo ama, Cristo reina, Cristo nos espera para Evangelizar. ¡Tú también puedes!.
Predicar a Jesús con la propia felicidad es un estimulante efectivo para el que da y el que recibe el mensaje. No es la felicidad de carcajadas, sino de gozo interior y pleno. Si somos felices viviendo el evangelio, seremos buenos evangelizadores. No podemos hablar de Cristo llevando la pesada mochila de nuestra vida, sintiendo el peso de los años o el pesimismo del mundo en crisis.
Recuerda; es hermoso ser misionera, porque se experimenta la alegría de poder compartir entre los hombres y mujeres de otros lugares la gran noticia: existe un Dios que nos ama a todos, que es bueno, que es fiel, que es misericordia.
Regálate la oportunidad; Vale la pena saber dónde mora y quedarse con El, vale la pena vivir la experiencia, vale la pena buscarse un tiempo para compartir el Evangelio con otros, vale la pena gritar en las calles, en las plazas, o en la oscuridad de una choza pobre y aseada, la gran noticia: Cristo vive, Cristo ama, Cristo reina, Cristo nos espera para Evangelizar. ¡Tú también puedes!.
Con Cariño
Misionera de Santa Teresita




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